“Grizzly Man”, Werner Herzog

Documental del alemán Werner Herzog sobre la vida del ecologista y defensor de los osos pardos, Timothy Treadwell. “Grizzly Man” es la reconstrucción de más de cien horas de video que el propio activista registró durante trece veranos en los que acampó en el Parque Nacional Katmain en Alaska, con el objeto de convivir con los plantígrados. Sin embargo, dos de ellos no estuvieron de acuerdo en compartir el mismo hábitat con él.

Afiche de "Grizzly Man" de Werner Herzog.

Desde que vi por primera vez “Aguirre, la ira de Dios” del realizador bávaro Werner Herzog, sentí un profundo respeto por él, algo así como la admiración que sientes por los maestros, seres mayores, serios y toscos que parecen inalcanzables, pero que te dejan una huella para siempre. Jamás había visto una foto suya, ni había leído su biografía, en verdad, ni siquiera había escuchado su nombre. Después de ver esa película pensé que si me lo encontraba de frente algún día, lo saludaría con un respetuoso “don Werner”. Es que sus películas, “Woyzeck”, “Fitzcarraldo”, “Nosferatu, el Vampiro“, o “Cobra Verde”, por nombrar solo las más reconocibles, son especiales, yo diría únicas, con una clara tendencia a rescatar historias de personajes geniales y contradictorios, en escenarios remotos, llenos de sueños imposibles y de locura.

Sin embargo, Herzog posee en su filmografía tantas películas de ficción como documentales. Eso sí, confieso que cuando supe de “Grizzly Man” (2005), tuve una sensación curiosa, de asombro, como si él afrontara una fórmula en extremo novedosa. Pero es injusto pensar así, puesto que lo que expone en esta película es precisamente lo que siempre lo ha caracterizado. El alemán volvió a encontrar en este documental a un personaje extraño, diferente y especial, uno que además se desenvuelve en un entorno adverso para el ser humano. Así como el desequilibrado Lope de Aguirre se sumerge en un territorio indígena selvático y hostil en la búsqueda de “el Dorado” (Aguirre, la ira de Dios) o Brian Fitzgerald que se propone llevar la ópera a la selva (Fitzcarraldo), aquí Timothy Treadwell intenta demostrar que los osos pardos no son las fieras espeluznantes que parecen, mientras convive con ellos en las reservas de Alaska.

Timothy Treadwell en el Parque Nacional Katmain, Alaska
Timothy Treadwell en el Parque Nacional Katmain, Alaska

Luego de ver este documental confirmé que la decisión de no comentar “estrenos” aquí fue acertada. Cuando “Grizzly Man” se lanzó mundialmente leí muchos comentarios que, por una contemporánea necesidad de captar “rating”, escriben acerca de las últimas novedades cinematográficas. Pero más que un análisis sereno, lo que sale a la luz es lo más próximo a sus capas externas, a la filosofía inmediata y ahí descubro con asombro una falta de rebeldía preocupante. Nos estamos olvidando que no sólo existen los locos desquiciados, sino también los “locos lindos”, los que enarbolan las banderas de las utopías y se enfrentan al “establishment” con o sin razón, pero con la valentía de los que toman opciones. Son muchos los que acusan a Herzog de que sus perturbados personajes son seres que nada aportan, sin embargo, no conozco a nadie que ame a Lope de Aguirre y justifique sus acciones sangrientas, pero sí somos muchos los que nos fascinamos con la psicología del personaje, de cómo construye en su mente su accionar y se gesta su locura. Es una forma de entender la mente humana y los lados oscuros que escondemos.

Yo creo que Treadwell es un personaje genial.

El personaje

Timothy Treadwell, nacido en 1957, fue un defensor de los osos pardos, una especie amenazada por cazadores furtivos y del que los osos Grizzly son una subespecie. Los mismos que se ven tan tiernos comiendo salmones en la televisión, pero que pueden ser uno de los más fieros animales a la hora de defenderse o saciar su hambre extrema. Treadwell acampó durante trece veranos en remotas áreas del Parque Nacional Katmain en la península de Alaska, lugar donde tuvo varios conflictos por no respetar las normas de seguridad. Pero él quería convivir con los plantígrados, convencido de que ellos “lo necesitaban”. Sin embargo, Treadwell y su novia Amie Huguenard fueron devorados por un viejo y peligroso oso junto a otro ejemplar más joven en octubre de 2003. Esos son los hechos históricos que recogió Herzog para dar vida a “Grizzly Man”.

Treadwell y su novia Amie Huguenard
Treadwell y su novia Amie Huguenard

En los últimos cinco años de su expedición, Treadwell registró cerca de cien horas de cintas de video para ayudar a transmitir otro de sus grandes objetivos: educar a las personas, mostrando a los osos en su hábitat natural. Herzog tuvo acceso a este material, reorganizándolo en el relato del documental. Lo primero que sorprende al ver esas imágenes no son los osos o el impacto de ver al protagonista tan cerca de ellos y el riesgo que ello implica. No. Lo primero que sorprende es la figura y personalidad de Treadwell, un hombre con corte de pelo a lo príncipe valiente y que dormía con un oso de peluche. Y su voz.

Tal como lo expone Herzog, a lo largo de los años el hombre oso fue construyendo un personaje de sí mismo, en una evolución paulatina que pasó de la amabilidad y el amor hacia sus amigos animales, hasta el decidido activismo en contra de las autoridades. Cuando se instalaba frente a la cámara con uno o dos osos detrás de él, hablaba como un presentador de televisión que se dirige a los niños. Y claro, en los meses en que no estaba en Alaska, dictaba charlas en escuelas donde los chicos empatizaban rápidamente con él. Toda esta construcción de personaje es mostrada por Herzog con los tiempos muertos de cada toma, con los errores y repeticiones que Treadwell hacía en una búsqueda de opciones que permitiera mostrar de la mejor manera sus objetivos. Obviamente esta fue una gran decisión del realizador alemán.

El oso de peluche con el que dormía Timothy Treadwell
El oso de peluche con el que dormía Timothy Treadwell

En un ejercicio que me parece acertado, Werner Herzog expone los puntos negativos del activista, el lado oscuro del héroe. Solo así un realizador escapa al mero homenaje, intentando equilibrar las motivaciones expuestas con las perversiones, manías y defectos del ser humano, aspectos que en mayor o menor medida, todos arrastramos en nuestras historias.

He leído comentarios sobre Treadwell en donde se relaciona su adicción a las drogas, al alcohol y sus continuos fracasos, al hecho de dedicarse a su particular e “irresponsable” causa. En efecto, él fue expulsado de la universidad, fumaba marihuana, fue alcohólico en un momento de su vida y tuvo un gran traspié en su intento de ser actor profesional. Mirando el vaso medio lleno, es clara aquí la búsqueda de un objetivo de vida. Obviamente si fracasas, buscas otros espacios en donde encajar. No entender eso es ser decididamente arrogante. ¿Todos debemos ser tan fuertes?, ¿los débiles no tienen derecho a compartir nuestro aire? Treadwell encontró en la defensa de los osos pardos una manera de desarrollarse y de enfocar sus aptitudes. Es claro que su experiencia actoral le dejó conceptos importantes para lo que sería “su” obra audiovisual que filmaba en Alaska. Yo me quedo con eso, con una historia de tropiezos que se produjeron en el marco de una búsqueda que sí encontró un objetivo.

Grandes momentos Treadwell

Pelea entre Mickey y el Sargento Brown
Pelea entre Mickey y el Sargento Brown

Uno de los buenos momentos de lo filmado por Treadwell (porque, digámoslo, sus registros están llenos de grandes situaciones) es la pelea de los osos. Herzog expone tres minutos limpios, sin comentarios, solo con el sonido directo de los gruñidos de las bestias, algunas aves y el agua del río. Se trata de una disputa registrada por Treadwell entre Mickey y el Sargento Brown, dos osos que se disputan el derecho a cortejar a Saturn, la reina del refugio de los osos. La pelea en sí es impresionante. Estremece. Asusta. La inmensidad de los osos parados en dos patas es una contradicción entre la belleza animal y la desprotección humana ante lo salvaje. La riña provoca un sobrecogedor respeto. Sin embargo, después vemos a Treadwell en el sitio del suceso maravillado con lo que acaba de filmar, y ¡absorto en la caca que el Sargento Brown ha expulsado en grandes cantidades mientras peleaba!

Es cuando se dirige al oso y le habla: “Mickey, yo ya pasé por eso. No siempre consigues a la chica que quieres, te lo advierto”. Y luego en tono de consejera amistad le dice: “subestimaste al Sargento Brown. no pensaste que él era así. Parecía que estaba haciendo creer que él no era tan rudo. Y una vez que lo golpeaste, ¡vaya! Resultó ser un oso súper rudo (…) yo no peleo por una muchacha así, te lo digo ahora mismo (…) te diré una cosa, si Saturn fuese una mujer… veo que es una hermosa osa… uhhhhhh… siempre dije que era la Michelle Pfeiffer de los osos… bueno, iré con tu novia… no me des una paliza por eso… soy bueno, soy bueno… soy muy respetuoso. me va mal con las mujeres, pero no tanto como para tener algo con una osa, ¿de acuerdo?”. Mickey, el oso, está a solo unos metros de distancia y Treadwell le da consejos amorosos.

Treadwell consuela a Mickey
Treadwell consuela a Mickey

Más que como ecologista, Herzog le otorga un reconocimiento a Treadwell en su condición de documentalista. El alemán se fascinó no tanto con el discurso proteccionista, sino con sus fórmulas para construir relatos fílmicos.

Por ello es que expone pasajes de sus filmaciones que son construidas muchas veces por el azar, magia a la que un realizador de documentales debe estar atento a no destruir. Muchas de estas imágenes corresponden a Spirit, un zorro. Treadwell se encuentra nuevamente con un oso a sus espaldas (“estoy aquí con uno de mis osos favoritos, el Señor Chocolate… [se gira]… hola, Señor Chocolate”) mientras filma una cuña de su próximo plan: abandonar el refugio de los osos para ir al laberinto de los osos, donde, según Treadwell, los humanos no los protegen, “pero sí los ponen en peligro”. El personaje se asume una vez más como el guardián de los plantígrados (“osos como la Tía Melissa, Demon, Hatchet, Downey y Tabitah… es hora de que vaya a protegerlos”). En eso está cuando Spirit y una de sus crías se pasean entre él y el Señor Chocolate. Luego lo vemos jugueteando con ellos en su campamento. La escena en que corre tras Sprit y su cría que le ha robado el gorro, es demasiado hermosa, por lo simple, por lo natural… por lo oportuna. Pero no es el único zorro.

Timmy, el Zorro
Timmy, el Zorro

Hay otro momento tan bello como el anterior, pero mucho más emotivo, más incluso que cuando encuentra a una cría muerta. Se trata de cuando presenta a su amigo Timmy. La imagen es enternecedora: el zorro a la izquierda del cuadro está sentado en el techo de la carpa. A la derecha, Treadwell lo acaricia mientras le habla a la cámara con ese timbre infantil tan característico suyo, pero más acentuado cuando le habla al animal directamente, como los padres cuando le hablan a sus hijos bebés. “Timmy es el jefe de todos los zorros y todos los osos… tú eres el líder… mira esa cara… gracias por ser mi amigo”. Timmy se deja acariciar como si fuese el más regalón de los perros domésticos. “Esto es tan lindo, se siente tan lindo… [se gira a la cámara]… juntos cuidamos el refugio de los osos. ¿Cómo nos conocimos? Hace más de diez años. se alejó de su madre y de su padre, hizo pipí en mis zapatos, defecó en mi ropa, eso fue todo. Era mi amigo. Timmy, el zorro. Sí. Nosotros cuidamos todo. El manda y cuida de todo”.

Aquí Herzog opta por insertar imágenes que Treadwell registró del zorro en sus desplazamientos solitarios. “Una de las cosas más importantes es que se vea el lazo que se creó entre este animal salvaje y esta persona bastante salvaje. Y te das cuenta de que tiene un pelaje hermoso, y por este pelaje la gente intenta matarlo con trampas de acero y prácticas crueles. Y otra gente sale a cazarlo a caballo, por deporte. Caza de zorros. Queremos darle fin a eso. Timmy, el zorro, este zorro hermoso y yo, le pedimos al público, por favor, dejen de matar, lastimar y torturar a estos zorros… [se gira a timmy]… ¿no te parece… [se gira a la cámara]… si supiesen que hermoso es, que dulce es, no lo lastimarían”.

Treadwell en su carpa
Treadwell en su carpa

Ahora bien, el mejor momento de todos es el enojo con los dioses por la falta de lluvia. El 20 de septiembre del año 2000, Treadwell se encontraba en su carpa bajo una leve y mínima precipitación. La escasez de lluvia había provocado la disminución de peces, por lo que los osos llevaban mucho tiempo sin alimentarse de ellos. Treadwell había intervenido incluso haciendo un corredor entre las piedras del río para que pasaran los salmones. Pero él no era un científico, ni un arquitecto, ni un constructor; era sólo un hombre bien intencionado. Ante su frustrado intento decide desahogarse ante la cámara dentro de su tienda de campaña, increpando a los encargados de hacer llover. “Necesitamos al menos 5 centímetros, creo que 7 cm de lluvia, y en las últimas dos horas ha llovido un poco más de 0.5 cm, no es suficiente… ¡necesitamos más lluvia!, ¡Downey está enojado!, ¡Tabitah está enojada!, ¡Melissa se está comiendo a sus bebés!… me estoy volviendo loco. necesitamos que llueva… no soy un tipo religioso, no, pero te digo algo, estoy ¡furioso! Porque… no me parece justo, no me parece justo. Sé que es sólo el clima y todo ese tipo de porquería, y no sé cuáles son las variables, ¡pero necesitamos que llueeeevaaaa!… si Dios existe, ¡Downey necesita comeeeer! Inúndanos, ¡lastímanos!, ¡vamos!… [corte]… piensa en la lluvia, piensa en la lluvia… solo una ducha de porquería, ¿qué clase de…?… ¡vamos!… [corte]… no me pone muy feliz. Quiero que llueva. Si Dios existe, que lo demuestre, ¡que haya agua!… Jesusboy, ¡que haya agua!… Cristo o Alá o la cosa flotante hindú… danos algo de la ¡puta agua para los animales!”.

Pero al otro día, Treadwell y la cámara están en la misma posición. La única diferencia es un fuerte sonido de lluvia que golpea a la carpa en su exterior. “Soy el humilde sirviente del Señor. Soy el discípulo de Alá. Soy el muchacho que flota”. Genial. “Ha sucedido un milagro. Ha sucedido un milagro absoluto. Hoy llovió 2.50 cm ahora en el medio de la tormenta tenemos 5 cms, y no dejará de llover. Quizás alcance a 7.50 cm de lluvia. Pasó de un hilo de agua a una inundación. Es sorprendente y realmente tenemos una gran oportunidad de que haya peces para los animales… y lo más milagroso aún, según mi radio no está lloviendo tanto en los alrededores, solamente aquí”. Por supuesto, las mismas críticas negativas a las que he aludido, consignan este pasaje como una instancia en la que el personaje pretende hacernos creer que tiene poderes para hacer llover. ¿Hasta dónde llega la maldad de un crítico cuando alguien le cae mal? Aquí Treadwell solo hace referencia a los azares, a aquellas situaciones fortuitas que todos hemos vivido alguna vez y que intentamos explicar con la palabra “milagro”. Es uno de los momentos en que este “príncipe-valiente-defensor-de-los-osos” más me hizo reír.

Herzog

Werner Herzog, imagen promocional - 2005 (© Werner Herzog Film)
Werner Herzog, imagen promocional – 2005 (© Werner Herzog Film)

Werner Herzog Stipetić ha destacado en “Grizzly Man” no a un objeto de su devoción en cuanto a discurso ecologista. Por el contrario, expresa muchas reservas sobre el discurso de Timothy Treadwell, sin embargo, da el espacio para que el personaje se exprese y “se defienda”. Así es como yo, como espectador, quizás me sienta mucho más ligado a él que el mismo Herzog. ¿Qué pretende proponer el alemán, entonces? Como lo expresé al comienzo, no es tanto la trágica muerte, ni la contradicción de la naturaleza que asesina a su máximo defensor. De hecho, ese punto parece como obvio para todos nosotros, que un oso ataque a humanos en su propio hábitat. Lo que mueve a Herzog es más bien la naturaleza de Treadwell, su contraste, su diferencia, su hermosa “demencia” que lo llevó a llamar la atención, quizás movido por traumas personales, pero que le sirvió para descubrir un objetivo en la vida que, de paso, nos sirve a todos.

Lo movió también el sentido documentalista de Treadwell, quien no optó por acercar la cámara al peligro del mundo salvaje, sino que la instaló en un trípode para captar a un personaje que insistió en convivir en él. Y como ya lo señalé, a Herzog le llamó la atención cómo construía un personaje de sí mismo, al punto de realizar puestas en escena en que daba a entender que se encontraba solo, incluso cuando estaba acompañado. En términos personales, me parece correctísima la secuencia en que Werner Herzog escucha la grabación de la muerte. La cámara quedó con la tapa puesta, por lo que del deceso de la pareja sólo existe el sonido. La opción del alemán de mostrarse con los audífonos escuchando acongojado el material, refuerza el concepto de la “autoralidad” del documental, donde el realizador escoge, opta, decide… marca los puntos de vista. Aquí le sugiere decididamente a Jewel Palovak, ex novia y amiga de Treadwell y Amie, y co-fundadora de “Grizzly People” (organización cuyo objetivo es elevar al oso pardo a un estatus afín al de la ballena y el delfín ), que jamás escuche ese material y que es mejor destruir la cinta. ¿Intervención? Sí, ¿y qué? Me parece decente que la película no contenga esa parte de la historia, Un sentido común puro.

Herzog le sugiere a Jewel Palovak que destruya la cinta con el sonido de la muerte de Treadwell y su novia
Momento en que Werner Herzog le sugiere a Jewel Palovak que destruya la cinta con el sonido de la muerte de Treadwell y su novia

Llamado de atención

Es claro que Treadwell forjó una fantasía en torno a sí mismo hasta antes de morir, pero si su sentimiento de falta de reconocimiento, de fracasos o de excesos lo llevaron a exponerse y convivir con seres que están al otro lado de la línea (la de la vida salvaje donde los humanos no entran) con tal de dar a conocer un mensaje loable, ¿qué malo puede haber en eso? Es curioso como muchos se espantan ante estas decisiones personales de algunos seres libres. ¿Qué daño causó a los demás? Si bien su compañera Amie Huguenard tenía reticencias, no lo acompañó obligada. Treadwell no exponía a niños ni bebés ante las fauces de los osos, como sí lo hacía Steve Irwin con los cocodrilos.

Era él y una cámara, él y la naturaleza, él y los osos.

“Grizzly Man” – doblado en España
“Grizzly Man” – inglés

Más información en


Archivo de la Cinemateca Alemana – Museo de Cine y Televisión
Organización Grizzly People dedicada a la preservación de los osos y su hábitat silvestre.


por Denis Eduardo Leyton
(publicado originalmente el 21/08/2007)

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